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U. Editorial

¿Qué pasaría si la próxima vez compráramos el terreno antes de que lo talen?

Oct 4
3 min read

Este artículo es una posición editorial de ( UMBRAL ). No es dato verificado, es criterio en construcción.


La pregunta

Hace unos meses, un terreno en zona 10 de Ciudad de Guatemala con una cantidad significativa de árboles fue adquirido para desarrollo inmobiliario. Era propiedad privada, el proceso fue legal, y el proyecto tenía los permisos correspondientes.


La reacción fue inmediata. Redes sociales, cobertura mediática, indignación colectiva. Durante días, ese terreno fue el centro de una conversación sobre verde urbano y responsabilidad. Después, silencio. El desarrollo siguió adelante.


La pregunta no es si tenían razón en indignarse. La pregunta es qué hubiera pasado si esa misma energía colectiva se hubiera convertido en acción colectiva antes de que el terreno cambiara de manos.

La evidencia disponible

Ciudad de Guatemala tiene algo que pocas ciudades del mundo tienen: el 42% de su territorio son barrancos. Espacios que durante décadas fueron vistos como problema, como tierra de nadie, como vertederos. Hasta que un grupo de arquitectos guatemaltecos decidió verlos diferente.


Barranco Invertido nació en 2013 como investigación para transformar esos espacios verticales en activos urbanos reales. Su primer resultado concreto fue Jungla Urbana, el parque ecológico entre zonas 10 y 15 con vegetación nativa, senderos, avistamiento de aves y entrada gratuita. No lo hizo la municipalidad. Lo hicieron ciudadanos organizados con Fundación Crecer. La diferencia entre un barranco contaminado y un pulmón urbano fue una decisión de actuar.


El modelo de compra colectiva de tierra también existe fuera de Guatemala. En San Juan de Puerto Rico, comunidades protegen tierra mediante fideicomisos donde el suelo es propiedad colectiva y no puede ser vendido ni especulado. En Dublín, vecinos financiaron colectivamente la transformación de un terreno abandonado en pocket park mediante crowdfunding. El punto de partida en todos los casos fue el mismo: alguien decidió que prefería actuar a esperar.


Un pulmón urbano en terreno plano no es un parque de juegos ni una plaza con grama. Es vegetación nativa, especies que polinizan, sombra real, suelo que absorbe agua. Es exactamente lo que la Jungla Urbana demostró que funciona en los barrancos. La pregunta es por qué ese modelo no se replica en los terrenos planos que desaparecen dentro de la ciudad.


Límite de esta evidencia: no existen modelos documentados de compra colectiva de tierra verde en terrenos planos de Ciudad de Guatemala. Lo que sigue es observación y propuesta en construcción, no certeza.

Lo que este experimento observa

La indignación por un árbol talado es real. Y es útil, pero solo si va a algún lado.

Lo que este experimento observa es que en Guatemala la conversación sobre verde urbano tiende a ocurrir en dos momentos: cuando algo desaparece, y cuando alguien propone quitarlo. En el medio, nadie está comprando.


El argumento de que esto es responsabilidad del gobierno o la municipalidad es comprensible. Pero la infraestructura que no genera votos visibles tiende a quedar postergada. Un pulmón urbano en zona 15 no gana elecciones. Esa lógica no va a cambiar pronto.


Lo que sí puede cambiar es quién decide actuar sin esperar. Un terreno pequeño. Una fundación que reciba donaciones. Un modelo de crowdfunding local. No para resolver el déficit de verde urbano de toda la ciudad. Para demostrar que el modelo funciona en terreno plano, igual que ya funciona en los barrancos.


La Jungla Urbana no esperó que nadie le pidiera permiso para existir. Simplemente existió.

La pregunta abierta

La próxima vez que un terreno con árboles desaparezca en Ciudad de Guatemala, habrá dos opciones.


Indignarse. O preguntar quién está dispuesto a poner algo más que su molestia.


¿Cuál va a ser?

José Carlos / ( UMBRAL )

 
 

explorar. contrastar. decidir.

Per experimentum.

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